lunes, 24 de junio de 2013

Querer...

Querer.


Quise verte pero he olvidado tu rostro, así no te puedo hallar. 
Quise hablarte pero olvidé tu nombre, por más que trato no me puedo acordar.
Quise buscarte, pero ni el Google Search me pudo ayudar.
Te quise abrazar, es más, creo que hasta te quise besar.
Quise beberte, pero recordé que he decidido dejar de tomar.
Intenté probar fumarte un poco, pero esta tos no me deja más en paz.
Quise correr a tu brazos y mientras más te buscaba, más te alejabas.
Quise, quise querer, que definitivamente no es lo mismo que amar.
Porque amar es algo más, algo que sólo se da.
¿De esto se trata el olvido? ¿Es esto dejar de amar?
Por más que trato, no logro asirte, ¿acaso alguna noche -en mi delirio- tu amor pueda recordar?
Quise, la verdad es que quise... pero hay cosas que no se pueden forzar.

Fz., Estío 56. Las Rosas. Junio 25, 2013. 00:25 hrs.

viernes, 5 de abril de 2013

La feria (cada uno con su cada cual).

¿Karma? ¿Así dicen que se llama?
¿Conductas desadaptativas?
¿Deseo?
¿Universo?
¿Guerreros?
¿Gestalt?
¿PNL?

Cuando llegamos a este mundo hay una cultura que nos precede y a la cual nos insertamos a través de los símbolos, principalmente a través del lenguaje. Las palabras existen antes de nosotros y probablemente seguirán existiendo, aún cuando Dios en uno de sus arranques como los que tenía hace miles de años, destruya dos o tres ciudades.

Gracias a este mundo simbólico vamos organizando nuestro propio mundo y perspectiva, nuestra manera de leer la vida, de mirar las cosas. Sí, la verdad es que hay pocas cosas que nos pertenecen, a caso nuestros silencios y nuestra propia muerte. Ergo, en aquel modelo del piquete que viene del exterior y produce una reacción desde el interior que asumimos como propia, que defendemos a capa y espada y que hasta presumimos.

Sí, la verdad es que independientes, únicos e irrepetibles, pues sí... tenemos un lugar en el Universo y el Universo somos nosotros mismos, pero taaaaaaaan diferentes a los demás, no somos. Y si no, que vean una foto familiar o que nos vean en la postura corporal o los pasos de baile. A alguien -generalmente cercano- le hemos aprendido esos gestos y modos. Ahora bien, nuestras formas de relación también tienen este modelo. Afortunadamente, también las podemos cambiar. De lo contrario, mi ejercicio profesional no tendría un lugar en la vida de las personas. ¿Y tú crees en él?, me preguntaron hace algunos años. Claro... por ello llevo ya una relación de casi cuatro años con esa persona que sabe "casi" todo de mí.

A eso le apostamos, a crecer y ser mejores personas. A trascender. A repetir aquello que sirve y abandonar aquello que nos ata. El cuerpo humano es una perfección y entiende que el proceso digestivo no sólo consiste en la ingesta, sino también en la evacuación de aquello que no sirve. ¿Por qué habría de ser distinto en otros terrenos?

Volvamos a la experiencia como forma de relación. Si durante muchos años vi la vida a través de los anteojos del ENGAÑO, ¿por qué habría de verla distinta ahora? Si durante muchos años me coloqué en la ventana DEL DRAMATISMO, ¿por qué no hacerlo unas cuantas horas más? Si llevo 30 años pidiendo siempre como entrada una ensalada de EGOÍSMO, ¿cómo voy a conocer que no todo en esta vida es esa ensalada o mejor aún, que no sólo hay un único restaurant?

Sí, tienen razón aquellos que dicen que es energía desperdiciada y que gastamos mucha de ella en sentirnos OFENDIDOS, o en hacer INTERPRETACIONES según nuestro anteojos, ventanas o ensaladas. Y como preguntaba un amigo, casi hermano, ¿cómo es que eso no ocurre siempre? Porque es inconsciente y porque no somos estáticos, es decir, no siempre estamos del mismo humor. Dejar ir no es fácil, soltar, evacuar, abandonar. Ya bien las cosas que nos producen placer o aquellas que son un dulce tormento aunque pasemos la vida quejándonos.

Cada uno tiene sus formas, tiempos y razones. Todos lo podemos hacer. Esto sólo es un recordatorio (creo que más personal que comunitario). No quise dejar pasar la oportunidad de decir: si buscas desconfianzas, desconfianzas hallarás, si buscas rencor, rencor tendrás, si das buena vibra, buena vibra tendrás. Si buscas burlas, burlas tendrás. Si buscas amor, amor tendrás. Suena a receta pero cuesta hacerlo. Cuando hag estas afirmaciones no hago referencia a que "la vida te da eso", sino a que uno sólo lo mira a través de ese cristal. Es como, si uno va buscando sólo una cosa, sólo eso hallará y se perderá de todo lo demás que tiene la vida. Capaz que algo ni siquiera tiene la cualidad que buscamos y nosotros se la ponemos. Tampoco se trata de que lo tomen como verdad absoluta, esto es epistémico más que hermenéutico "Tratar de convencer es alevoso" dice Sabines y también dice "los árboles esperan, tú no esperes".

Nadie puede venir a decirnos: "estás mal, eres un idiota". Para eso tenemos nuestra conciencia moral, pero eso sí, nosotros podemos decir "quiero crecer" (no sé si seamos o no mejores personas, pero al menos vamos a intentarlo).

Al final de cuentas, sólo se trata de formas de amor. ¿Acaso no toda demanda de atención -no sólo psicológica- es en el fondo una demanda de amor?

Fz. En Corta, el 5 de abril del 2013. A eso de las 14:44 hrs. (Con FORMAS DE AMOR de Caló de soundtrack)

lunes, 4 de febrero de 2013

Entre azul y buenas noches.

Lo he venido diciendo de un tiempo a la fecha: la vida te pone de cara a la falta -cualquiera que sea el rostro de ésta-. Sí, la vida, Dios, el destino, el karma, la historia personal, el deseo... ¿qué será no lo sé pero sí sé que no que da otra que poner pecho a lo que pasa. No siempre es tan difícil, sobre todo si uno sigue con su vida y simple y sencillamente la vive.

¿Cómo vas?, me preguntaron. Pues aquí estoy -como antes y probablemente como después- preguntándome de la vida, del amor, de Dios, de mi. Sí, sobre todo estoy ocupándome y preocupándome por mi. Sigo sin entender muchas cosas. A mis veintiocho años estoy conociéndome, mirando mis alcances que espero que sigan siendo desconocidos y ajenos porque eso significa que el límite sigue estando lejos y que puedo alcanzar muchos sueños.

Esos sueños me preocupan. Esos sueños me inquietan, no me dejan descansar. Los siento cerca, siento que se aproximan. Este es el primer paso para andar el camino: escribir. Hace poco alguien a quien aprecio mucho me dijo que yo tenía la facilidad para en cuando me DECIDIERA, me sentara a escribir y las ideas fluyeran, salieran, se me escaparan y entonces diera rienda suelta a todo este delirio que traigo y que hay que problematizar y sistematizar. Ello hará que sea algo concreto y no un mal viaje más.

Ahora cuando menos salgo a la calle, voy a Corta, al trabajo, a la escuela y triste o contento hago lo que me toca. Hace poco me decían que cómo podía estar triste y estar con mis amigos. Si, a veces no les cuento, me he vuelto discreto. He aprendido, he tomado un camino distinto: no sé si más largo o corto, pero sí distinto. Para sentir no siempre hay que demostrarlo, para vivir no es necesario ser dramático. Uno no gobierna sus pulsiones, sólo las estiliza, les da un acabado. ¡Ay esas pulsiones mías! ¡Ay esa primera huella que dejaron sobre mí y que yo llamo deseo!


Santiago de Querétaro, Qro., a 23 de noviembre del 2012. Fz.

¿ANDAS SENSIBLE?

Es el primer martes de febrero de esta año que me pinta tan bien en casi todos los aspectos, que me invita a crecer y a seguir aprendiendo, a tal vez equivocarme mucho y también por supuesto a tener éxito: porque ya es hora de que dejemos que nos vaya un poquito bien. Son las primeras horas y estoy otra vez en este lugar que conozco casi de pe a pa y que se ha convertido en una especie de guarida para mí, teniendo de fondo el Mediterráneo. Recibo entonces saludos de Grecia y me preguntan quién es la musa que me ha inspirado esta noche a compartir tantas emociones en unas cuantas palabras y unas cuantas notas. Y esa aurora que se ha venido acercando y me llena de nuevos aires, de aires de juventud y de inocencia. Me relajo y respiro -al menos esta noche no el humo del cigarrillo- me siento a escribir y empiezo a recordar tantas y tantas cosas que he querido plasmar y que se han quedado sólo en mi cabecita.

¿Qué pasa, Francisco? Preguntan las redes sociales -cualesquiera que éstas sean- y lanzan una pregunta en Twitter que reza: ¿se sienten solos? Entonces yo me respondo a mí mismo: estoy solo, pero no me siento solo. Y viene una pregunta desde el fondo de mi Alma que interroga ¿a dónde andas que más valgas? Y yo vuelvo a responder "aquí, con Soledad". Pero la verdad es que siempre estoy con ella, o más bien ella siempre está conmigo. Para mí que es sólo una cara, una faceta de mi falta, de mi muerte, de mi finitud. No, no se trata de ser dramático y decir que la soledad es una equivalencia a la muerte, no. Lo que estoy tratando de decir, es que estando en soledad me permito darme cuenta de mi finitud. Que es como una sombra que me sopla al oído y que me recuerda que estoy en falta. Que la vida -quiera yo o no- me va a poner siempre de cara a aquello que no tengo, a aquello que me falta.

De a poco le he ido tomando gusto, cierto placer, cierto erotismo a esta soledad en la que a veces me acompañan mi cigarro, mi música, mis bebidas (un trago, un café, una coca cola) y casi siempre mis amigos en Facebook o Twitter. Sin embargo, a esa soledad más allá de la virtualidad y ese punto convergente entre simbolismo e imaginación, a esa soledad física en la que uno se encuentra y donde, como dice Sabines, no hay ni una mujer siquiera a la cual uno le endilgue la posibilidad de colmar esa falta, ese rincón inhóspito en el corazón y el cuerpo propios. Esa soledad es la que a mí me ocupa, la que me tiene con el alma en un hilo, desde el terreno profesional y también desde el aspecto personal. ¿La soledad posmoderna nos enferma?, escribía yo en algún momento hace un año. ´

Sí, es esa finitud, esa falta, ese hálito, esa energía que siento, que veo a la cara antes de dormir y que viene a mí al despertar. No, no tengo miedo de morir, de vivir no estoy muy seguro si tengo miedo. ¿Por qué la vida no nos resulta tan temible? ¿Acaso porque nos es conocida?

CONTINUARÁ...

P.D. A veces la gente piensa que uno para escribir necesita estar sensible o triste, o con alguna musa particularmente susurrándole al oído. Yo lo llegué a pensar también, ahora lo estoy intentando cambiar.


Fz.

Estío 56, en Las Rosas. Santiago de Querétaro, Qro., a 5 de febrero del 2013. 01:34

viernes, 17 de agosto de 2012

Esos ojos.

En algún momento el buen Jaime Sabines ponía sobre la mesa la pregunta de qué es un mirada y concluyó que es un triste rayo de luz descarriado, una paz sin dueño. Sí, a veces la vida es tan relativa, otras es tan simple. Existen momentos que la vida es sólo instantes que se van y nunca vuelven. La vida es simple, nosotros -incluidos tú y yo, aunque no nos guste- somos simples, llanos. 
Sin embargo, hay días -pero sobre todo noches- en que una palabra basta, una llamada, una sonrisa o simple y sencillamente una mirada. Sí... ésa de la que hablaba Sabines. Bastan para ponerle a uno una sonrisa, para hacer que se hinche el corazón, para crecer uno mismo, para "sentirse vivo". No todas las miradas son iguales y no todos los ojos dicen lo mismo. Cuando tú y yo empezamos a ser menos ajenos te hablé de cuánto me gustaban tus ojos. Hoy puedo decirte que esos ojos me llevaron, me condujeron a lugares inhóspitos, abandonados, lejanos. Como Bécquer yo también doy un mundo y me pierdo en el mar de esos ojos. Amo tus ojos, amo tus manos, amo tu boca, tu vientre, tus piernas, te amo a tí. Eres como un rompecabezas que voy construyendo de a poco día a día en cada beso que te doy y en cada abrazo que me das. Poco a poco entonces -mientras afuera llueve- me voy quedando prendido a tu imagen (sólo tú puedes darme eso que necesito, sólo en tí hallo eso que soy). Verónica, mi 
Verónica, mi niña, mi amiga, mi vieja, mi amor. ¡Te amo (y también amo tus ojos)! 



 http://www.youtube.com/watch?v=Hkke0UOJMB0

viernes, 15 de junio de 2012

Coffe & cigarrets

Dios debió haber estado borracho o drogado cuando inventó el amor. De otra manera no me explico cómo es que se le ocurrió semejante cosa y seguramente estaba dormido o llorando cuando lo compartió con los hombres.

Avenida Universidad, viernes en la mañana y los anuncios de uno y otro político, los gritos que apoyan al partido y de fondo la música de viento de los intérpretes callejeros al ritmo de un sax y una tambora tocando "La puerta negra". Yo saliendo de la clase de inglés después en la cual me doy cuenta que para el amor no existe idioma y para la locura menos, porque incluso en inglés puedo compartir estas "cosas mías".

En estos meses he leído tanto acerca del "amor" y de las "relaciones personales", de la importancia personal y de lo aprehensivos que somos. Sin embargo, nada de esto puede compararse ni darme solución a mi vida diaria, al menos no por ahora. No, se trata de algo tal vez más profundo o más superfluo, no lo sé. Lo que sí sé son las palabras de Hugo Murgo cuando alguna vez preguntó... "¿y por qué a veces funciona eso de quitar la importancia personal y otras veces no? Por más que se haya trabajado".

No, no me interesan hoy las respuestas que cada una de las corrientes psicológicas tenga desde su <> acerca de lo qué es y cómo manejar el amor.

No, hoy apelaré a mis vísceras, a mi piel, a mi hipertenso corazón, a mi gusto y a mis  manos y mis pies que son los que sienten esto que estoy viviendo. Apelaré a mis venas y a mis arterias. Porque ocurre que ese amor "bonito" -de cuentos- cuando uno <> (las flores, los peces, el cielo, los abuelos, los niños, el perrito de la casa del vecino, los defectos del idiota que nos jode en el trabajo) no se me ha dado últimamente y no se me dará. Al menos no en un corto tiempo. 

Hoy apelaré a esa sensación a flor de piel, en el estómago, en el corazón -de verdad, creo que por eso soy hiperintenso e hiperaprehensivo-, que llega y nos toma; nos hace suyos. Porque existe algo que los sabiondos llaman Das Unbewusst que nos gobierna, aún sin que nos demos cuenta y que nos lleva a lugares inhóspitos y olvidados, abandonados ya en pos "de la salud mental". Ese acontecimiento, le decía a Lety -my english teacher- es involuntario e ignorado, indómito. Uno puede curarse en salud y decir que está preparado, que ya se la sabe, que lo ha vivido antes. Sin embargo, sigue siendo desconocido y ajeno, no se puede simbolizar. ¡Bendito Dios cuando le dió el tinte de no simbolizable!

En esos momentos uno es un manojo de emociones, no alcanza a tramitar, porque si tramita se aleja... y si uno tiene personalidad adictiva sabe que le hace daño pero es "más fuerte que uno". No se trata de un acto volutivo. Ya después uno procurará relacionarse de una manera saludable pero la emoción, la sensación, la vivencia se nos escapa, se nos escurre, se nos va. Uno despierta y dice ¡Fuck!, camina y dice ¡Son of bitch! y de pronto se halla en el medio de la avenida pendejeando o como me dijeron hoy en Reflexive mode.

Por si fuera poco todo esto, le vienen a uno aquellas palabras del buen Marco cuando hablaba del "ser que espera revelarse" (aunque yo tengo mis dudas acerca de la acepción porque bien pudiera ser REBELARSE) y cae en cuenta de que efectivamente <>: que uno trae cargando consigo mucha energía que no a toda la gente le parece positiva y que más aún, uno ni siquiera ha reparado en ella y cuando se ha dado cuenta piensa que es a razón de alguien más y no que le es propio, que es parte de uno. De poco sirvió intentar canalizar por otros medios dicha energía procurando no mostrarla porque lo único que ocurrió fue que se acumuló y explotó y salió y me di cuenta que soy todo eso. Entonces vi la parte "non grata" para mi Bewusst  y que miraba lejana y ajena y fue sentirme como aquella imagen de cuando tenía 10 años y vi cómo quedó el edificio federal Alfred P. en Oklahoma después del atentado perpetrado por Timothy Mc Veigh. Vi cómo me iba derrumbando de a poco y toda esa "imagen" que yo tenía de mi mismo se iba desmoronando. No soy ése que pensaba ser, y que iba gritando por la calle que era. "Cuando el Yo se siente en amenaza, se produce el resorte de la agresividad". ¿Debo agregar algo más?

Uno de esos impasses donde se convoca a casi todo el simbólico y éste no es suficiente, como un duelo de mi identidad. Una identidad que simultáneamente atraviesa por un estado amoroso y que está debilitado. ¿Podre fagocitarme my self? Y entonces vienen a mi las ideas de la muerte y de mi finitud y de eso que he venido postergando y me quedo sin asideros. ¿Y ahora de dónde me tomo? ¿Tan débil o tan vulnerable soy? Si se trata de una posición, entonces puedo salir de ella. Sin embargo se trata de un proceso dialéctico en el que no sé qué va a salir ni quién voy a ser. Si no sé, tengo una ventaja, me dijeron... porque puedo ser muchas cosas y puedo ser lo que yo quiera, incluso tomar rasgos que tenía antes de mi derrumbe pero ahora con otro matiz.

Mientras tanto he de conformarme con terminarme este sorbo de café y darme este cigarro. En unos minutos me voy a trabajar y mañana en la noche tendré uno de esos placeres por los que tanto he "luchado". Este parque ya no es el de la primera vez. Yo ya no soy el mismo. Y si ya no soy el mismo... ¿entonces quién soy? Y sin recursos... sólo acerté a escribirlo, para des-ahogarme. Porque este sentimiento y esta emoción es sofocante. ¿Quién te dijo que yo era ése? ¿Qué extrañas razones me llevaron a engancharme contigo?

Lo dije y lo sostengo... ¡todo lo confundes, todo lo mezclas!

La puta madre. Estoy tomado, me dijeron, ya te cargó. Ja... y ya lo sabía, me di cuenta, pero no puedo negar que me da miedo. Me siento vulnerable. ¿Se puede más?

More than words.

Fz., en Estío 56, a las 11:45 del 15 de junio del 2012.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Re-escribiendo.


“Estoy indefenso... me siento vulnerable, no estoy enamorado. Con la fuerza de gravedad que hay en esta ciudad y yo sin un amor. ¿Dónde iremos a parar?”

Van ya varias veces que intento escribir, que busco volver a esta parte tan mía que me permite poner algo de distancia respecto de las emociones y pensamientos, pero no sé porqué extraña razón una vez que me siento a escribir, las ideas se me van, se escapan, huyen de mis manos y no puedo hacerlo.

Ha habido varias ocasiones en que siento la inspiración junto a mí, la necesidad por escribir, por poner en palabras todas mis locuras y frustraciones, mis enojos y fascinaciones y no puedo.
Algo me pasa que aún no puedo, no tengo la capacidad para ponerlo en palabras. Algo me ocurre que se me escapa de las manos, algo más fuerte que yo que no sé qué es.

He estado a punto de darme por vencido, pero no puedo, no quiero; no voy a irme así nomás.
Este año ha sido así, lleno de emociones. Al principio tuve que ponerle cara al asunto y tras varios intentos por cerrar un ciclo pude mirarle de frente y decirle que no me era suficiente, que necesitaba algo más, que necesitaba más. Sí… quizá haya sido ingrato de mi parte, para muchos, pero para mí fue sincero y a estas alturas del partido creo que fue una buena decisión.

Y en esos momentos complicados y complejos de mi vida siempre hubo gente sosteniéndome, no dejándome caer que, con un mensaje, un correo, una llamada, un regaño, un consejo, un aliento me permitió seguir adelante. Los procesos no son fáciles pero tampoco uno tiene ninguna necesidad de complicarlos de más; sí, la dialéctica se construye en espiral y muchas ocasiones hay que pasar por el parque de la primera vez y eso generalmente es doloroso. Es un ir y venir medio intenso, medio raro y a veces hasta sofocante. Uno pasa de lo que es a lo que fue y a lo que quiere ser: sí… resulta que de pronto uno se da cuenta que en el imaginario no existe lógica temporal y habla ubicándose en el “yo fui, yo soy, yo quiero ser, si yo hubiera, si yo fuera, yo era, yo podría ser” y para acabar, ahora vienen y me dicen que tal vez yo ni soy yo, sino que soy los otros.

Estoy tranquilo, en paz conmigo mismo pero siento que algo me falta: inspiración, tal vez. Algo que me mueva, que me obligue a dar el paso siguiente, a moverme de este sitio de aparente confort y comodidad. Y digo aparente porque puedo parecer agusto pero una parte de mi reniega porque esto no es lo que yo soy, lo que yo quiero ser.

Recuerdo que eso fue tema de discusión con la inquilina cuando le conté mis planes de vagabundear porque ella lo que quería era seguridad, tranquilidad, certezas y en ese momento de mi vida yo no las podía dar (y no sé si ahora pueda ofrecerlas).

Y a veces en ese ir y venir temporal que a uno le ocurre me pregunto por Andrea y me pregunto si seguirá con vida y qué será de ella, si dará clases de vuelo aún, si todavía mirará la luna en sueños, si seguirá conmoviendo al mundo como aquella rosa del Principito. Después de ella ya no fue lo mismo y no fui lo mismo; con ella mi corazón, mi mundo y mi vida se reconstruyeron, me di cuenta de muchas cosas que aún hoy en día sigo recordando y pensando a cada paso que doy.
A estas alturas de la vida me he dado cuenta que aquella gente como la que yo quería ser y a la que quiero tanto, también es humana y también comete errores y actúa a veces con alevosía imponiéndose por sobre sus propios valores. ¿Para qué, digo yo? ¿Qué necesidad tienen de estar de malas con el mundo? ¿Qué extraña satisfacción obtienen de esta “ardidez” suya donde a ellos en nada les beneficia perjudicar a los demás, porque los demás casi que ni se preocupan por ellos? ¿Qué extraña paranoia les habita?

Me he dado cuenta también que a veces, un ladrillo puede marear al más estable de los humanos y que definitivamente la edad no nos exime de hacer tonterías, sólo las vamos perfeccionando, puliendo. Esto lo he aprendido en mi carne y en la carne ajena; he vivido las consecuencias de ello.

Quiero que me cuiden, quiero que se preocupen por mí, que me hagan sentir vivo, no quiero una compañía solamente, no quiero simultaneidad circunstancial. Yo peleo, yo quiero aquella simultaneidad que ocurre más allá de las instituciones, yo pugno por la coincidencia no sólo física sino también del corazón. Sí, a estas alturas de mi vida también me he dado cuenta que mi corazón sigue henchido pero que ha perdido esa intensidad con la que latía. Alonso me dijo que mi corazón latía muy rápido, que era muy intenso y que cicatrizaba pronto. Sin embargo, lo que importa de una herida es la cicatriz y yo estoy lleno de ellas. Mi corazón, mi cuerpo, mi mente, mis manos, mi lengua, mi oído, mis ojos están llenos de vivencias, de recuerdos, de tiempos, de idas y vueltas que me hacen lo que soy y me hacen reconocer que en este momento de mi vida estoy tranquilo y siento que en cualquier momento de alguna extraña forma –como suele ocurrirme- me encontraré caminando en otra ciudad y con otra gente. ¿A dónde me llevarán mis pasos siguientes? ¿Quién está del otro lado de este camino que recién empiezo?

Tal vez me hacían falta unos tragos, o un cigarro, o estar despierto a las tres de la mañana para que me llegara la inspiración, o tal vez mi música, o mi espacio, o tiempo… no lo sé. Sólo que ahora son las diez de la mañana, estoy sobrio, no estoy fumando y he logrado hacer un par de cuartillas que aunque algo desordenadas comparten un poco o un mucho de mí. Sí… ahora soy como una madeja que recién se separó de otras madejas y que habrá de irse desenredando para darle forma a la forma siguiente –cualquiera que ésta sea-.

Fz., en Estío 56, a las 9:00 am.