domingo, 21 de noviembre de 2010

Re-escribiendo.


“Estoy indefenso... me siento vulnerable, no estoy enamorado. Con la fuerza de gravedad que hay en esta ciudad y yo sin un amor. ¿Dónde iremos a parar?”

Van ya varias veces que intento escribir, que busco volver a esta parte tan mía que me permite poner algo de distancia respecto de las emociones y pensamientos, pero no sé porqué extraña razón una vez que me siento a escribir, las ideas se me van, se escapan, huyen de mis manos y no puedo hacerlo.

Ha habido varias ocasiones en que siento la inspiración junto a mí, la necesidad por escribir, por poner en palabras todas mis locuras y frustraciones, mis enojos y fascinaciones y no puedo.
Algo me pasa que aún no puedo, no tengo la capacidad para ponerlo en palabras. Algo me ocurre que se me escapa de las manos, algo más fuerte que yo que no sé qué es.

He estado a punto de darme por vencido, pero no puedo, no quiero; no voy a irme así nomás.
Este año ha sido así, lleno de emociones. Al principio tuve que ponerle cara al asunto y tras varios intentos por cerrar un ciclo pude mirarle de frente y decirle que no me era suficiente, que necesitaba algo más, que necesitaba más. Sí… quizá haya sido ingrato de mi parte, para muchos, pero para mí fue sincero y a estas alturas del partido creo que fue una buena decisión.

Y en esos momentos complicados y complejos de mi vida siempre hubo gente sosteniéndome, no dejándome caer que, con un mensaje, un correo, una llamada, un regaño, un consejo, un aliento me permitió seguir adelante. Los procesos no son fáciles pero tampoco uno tiene ninguna necesidad de complicarlos de más; sí, la dialéctica se construye en espiral y muchas ocasiones hay que pasar por el parque de la primera vez y eso generalmente es doloroso. Es un ir y venir medio intenso, medio raro y a veces hasta sofocante. Uno pasa de lo que es a lo que fue y a lo que quiere ser: sí… resulta que de pronto uno se da cuenta que en el imaginario no existe lógica temporal y habla ubicándose en el “yo fui, yo soy, yo quiero ser, si yo hubiera, si yo fuera, yo era, yo podría ser” y para acabar, ahora vienen y me dicen que tal vez yo ni soy yo, sino que soy los otros.

Estoy tranquilo, en paz conmigo mismo pero siento que algo me falta: inspiración, tal vez. Algo que me mueva, que me obligue a dar el paso siguiente, a moverme de este sitio de aparente confort y comodidad. Y digo aparente porque puedo parecer agusto pero una parte de mi reniega porque esto no es lo que yo soy, lo que yo quiero ser.

Recuerdo que eso fue tema de discusión con la inquilina cuando le conté mis planes de vagabundear porque ella lo que quería era seguridad, tranquilidad, certezas y en ese momento de mi vida yo no las podía dar (y no sé si ahora pueda ofrecerlas).

Y a veces en ese ir y venir temporal que a uno le ocurre me pregunto por Andrea y me pregunto si seguirá con vida y qué será de ella, si dará clases de vuelo aún, si todavía mirará la luna en sueños, si seguirá conmoviendo al mundo como aquella rosa del Principito. Después de ella ya no fue lo mismo y no fui lo mismo; con ella mi corazón, mi mundo y mi vida se reconstruyeron, me di cuenta de muchas cosas que aún hoy en día sigo recordando y pensando a cada paso que doy.
A estas alturas de la vida me he dado cuenta que aquella gente como la que yo quería ser y a la que quiero tanto, también es humana y también comete errores y actúa a veces con alevosía imponiéndose por sobre sus propios valores. ¿Para qué, digo yo? ¿Qué necesidad tienen de estar de malas con el mundo? ¿Qué extraña satisfacción obtienen de esta “ardidez” suya donde a ellos en nada les beneficia perjudicar a los demás, porque los demás casi que ni se preocupan por ellos? ¿Qué extraña paranoia les habita?

Me he dado cuenta también que a veces, un ladrillo puede marear al más estable de los humanos y que definitivamente la edad no nos exime de hacer tonterías, sólo las vamos perfeccionando, puliendo. Esto lo he aprendido en mi carne y en la carne ajena; he vivido las consecuencias de ello.

Quiero que me cuiden, quiero que se preocupen por mí, que me hagan sentir vivo, no quiero una compañía solamente, no quiero simultaneidad circunstancial. Yo peleo, yo quiero aquella simultaneidad que ocurre más allá de las instituciones, yo pugno por la coincidencia no sólo física sino también del corazón. Sí, a estas alturas de mi vida también me he dado cuenta que mi corazón sigue henchido pero que ha perdido esa intensidad con la que latía. Alonso me dijo que mi corazón latía muy rápido, que era muy intenso y que cicatrizaba pronto. Sin embargo, lo que importa de una herida es la cicatriz y yo estoy lleno de ellas. Mi corazón, mi cuerpo, mi mente, mis manos, mi lengua, mi oído, mis ojos están llenos de vivencias, de recuerdos, de tiempos, de idas y vueltas que me hacen lo que soy y me hacen reconocer que en este momento de mi vida estoy tranquilo y siento que en cualquier momento de alguna extraña forma –como suele ocurrirme- me encontraré caminando en otra ciudad y con otra gente. ¿A dónde me llevarán mis pasos siguientes? ¿Quién está del otro lado de este camino que recién empiezo?

Tal vez me hacían falta unos tragos, o un cigarro, o estar despierto a las tres de la mañana para que me llegara la inspiración, o tal vez mi música, o mi espacio, o tiempo… no lo sé. Sólo que ahora son las diez de la mañana, estoy sobrio, no estoy fumando y he logrado hacer un par de cuartillas que aunque algo desordenadas comparten un poco o un mucho de mí. Sí… ahora soy como una madeja que recién se separó de otras madejas y que habrá de irse desenredando para darle forma a la forma siguiente –cualquiera que ésta sea-.

Fz., en Estío 56, a las 9:00 am.

jueves, 6 de mayo de 2010

lunes, 12 de abril de 2010

Nombres...hombres (y sobre todo mujeres)


Cuando uno tiene tiempo libre a veces se pone a intentar organizar sus ideas, y generalmente ocurre todo lo contrario. Hace mucho que tengo la necesidad, la ansiedad, el deseo de escribir y por una u otra cosa no lo he podido hacer. Hoy... sin embargo, quiero hacerlo aunque mis ideas -como mi vida- están algo enredadas. El trabajo me ha servido para distraerme de mis preocupaciones personales, me ha ayudado a dejar a un lado el hastío que de pronto he sentido.


Estar advertido de las cosas no me exime de hacer pendejadas, dirían por ahí; el desconocimiento de la ley no nos exime de sus consecuencias tampoco.


¡Qué días tan intensos, tan locos, tan amargos! Hace algunos días el Diablo dijoa todo el mundo que yo era su amigo, su compa. Me sentí orgulloso de tener como amigo al Diablo, aunque la gente le tenga miedo; a mí me gusta y me gusta que se sepa las canciones que me gustan. Ayer... ese desconocido, una especie de demonio también, se conectó con nosotros y nos hizo temblar.


¡Cuánta nostalgia por aquel pasado que no nos genera dudas! ¡Cuánta nostalgia por aquel momento que por jodido que fue, ya pasó!



Sí... uno hace las cosas para recordarlas como dice Clau. Sí... uno encuentra algo de placer en esa repetición de cosas que aparentemente nos generan conflictos, como dice Jaime. Sí... uno tiene serias complicaciones con los avatares que la vida amorosa nos presenta, como dice Andrés. Sí... somos los mismos envueltos en novedad como dice Andrea. Sí... nos gustan esas sensaciones primarias como dice Rosario. Sí... uno no puede resignarse como dice Fabián.


Sí... sí a todo; todo que sí. Sí... estoy de acuerdo, totalmente de acuerdo con todas estas y más personas que quieran hablar y escribir acerca de la vida nuestra. La dificultad está en las emociones, en las sensaciones a flor de piel. En ese, vacío que se siente en el estómago a las dos de la mañana; en esa tos que llega siempre a las cuatro de la mañana; en el insomnio diario favorecido por los gritos de las niñas. El problema está en esos arranques de locura que uno tiene donde quiere mandar todo al carajo como dice Pako.


En esos momentos, de nada sirven un cigarro o un trago, tampoco el das ding o el vorstelung representanzen. En esos momentos de nada sirven los recursos liingüísticos y teóricos. En ese instante lo único que necesito es ese abrazo y ese beso tuyo por los que vivo, por los que suspiro. Lo único que necesito es a mi familia estando junto a mí secándome las lágrimas y curándome las heridas, como aquel domingo en la noche.


Esta noche quiero que Alonso me de una receta que incluya: por principio de cuenta la fé que en algún momento perdí, la voz dulce y tranquilizadora de Alejandra, la risa de Beto y la sinceridad de Pako; quiero los consejos de Manuel y el tiempo de mi Comadre. Necesito los brazos abiertos de La Inquilina y la compañía de María. Quiero que esté conmigo mi padre para, con la voz clara y calmada me diga que es normal, que él también se sintió así. Que la receta incluya la mirada de mis hermanas y mi madre confiándome que está todo bien. Que vengan Jaime, Alfredo, Juan y Mario a enseñarme con sus palabras cómo es que funciona esto. Necesito también que todos y cada uno de los de la banda hagan mil cosas junto a mí. Quiero que Elizabeth me cure las heridas. Quiero que Diana y Lorena confíen en que sanaré. Que Rosario y Dolores me enseñen con su templanza a darle tiempo al tiempo.


En el trabajo me va bien, en la escuela me siento magnífico, las cosas van bien con la familia. Es sólo esta necesidad tuya la que me tiene así. Sí... también quiero que mi receta incluya un beso y un te quiero suyos. Sinceros, como sólo ella los sabe dar.


Si la vida es tan simple (como algunos afirman), ¿de dónde le viene a uno esa manía por complicársela? ¿Se preguntará todo el mundo por este tipo de cosas?


Hoy he visto otra vez el lado oscuro de mi corazón y me he convencido de que no quiero estar solo; uno envejece antes. Uno debe pelear por lo que quiere y a veces, no sólo pensar en uno mismo, sino también en qué está esperando la otra de nosotros.


Creo que pasar por ese parque de la primera vez donde ella y yo estuvimos es lo que me tiene así. Creo que escuchar y leer esas cosas que había olvidado me inquietan y no las sé manejar. Duelen, pero cada vez menos.


Hoy, regreso después de dos intentos fallidos a cumplir un ciclo. Hoy es un día importante y voy a dejar que me vaya bien: alguien me espera en Querétaro, alguien me piensa, alguien me quiere -como dijo Julia- y debo estar agradecido por eso: ¡Cuánta gente hay que no tuvo alguien que lo quisiera! ¡Eres un chico afortunado!, me dijo, sólo que a veces se te olvida.


Seguramente Dios lo sabe... y a lo mejor está triste sin que nadie lo sepa.


Pero amor mío...¡qué me has hecho!


Fz., con un sabor amargo a las casi tres de la mañana.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Coincide...


... coincide que tengo la oportunidad de escribir y el fin de año. Escasas horas, para ser exactos.


A mucha gente le entra la nostalgia y la melancolía y los recuerdos por estas épocas. Época de reflexión dirían algunos -los creyentes sobre todo, los hombres y mujeres de buena y harta fé-.


A mí sin embargo, me basta cualquier motivo para sentarme a poner en palabras lo que pasa por mi cabeza. Suelo ir a contraflujo, en el contrasentido dirían los de vialidad. No me gusta ser uno más, jamás me gustó ser uno más (creo que a nadie) y sin embargo, la vida, el destino, Dios, y sobre todo las decisiones que uno toma o decide no tomar, le enseñan nos enseñan que a veces tenemos que ir a donde va la corriente, y dejarnos llevar. Estar flojitos y cooperando, pues al final de cuentas, por algo suceden las cosas.


En ese ser diferente a todos los demás doy regalos cuando menos se lo esperan, con las envolturas que no pensaron. Escribo una carta a la antigua (con papel y bolígrafo) y comparto lo que las personas significan para mí. Regalo una flor o un caramelo. Tomo fotos desde otras perspectivas, juego con los escenarios y las luces. Camino por donde los demás no van (o al menos no la mayoría), entro al café y restaurant que los otros miran con desprecio. Tomo el rumbo menos seguro y hasta ahora he encontrado buenas cosas. Muchas veces también me he caído del auto en que voy, he vivido la angustia cancerígena en mi familia, he suspirado, he llorado, he perdido dinero, he sufrido golpes y hasta hipertensiones cardíacas. He viajado, he estado en ciudades ajenas, he conocido gente y he amado también.


Hoy, un taxista, desconocido para mí - y miren que en Cortazar nos conocemos casi todos así como nuestros secretos y escondrijos- me dijo cuando descendía del automóvil para ir a trabajar: Que tenga un buen año, que se le cumpla lo que espera... siempre y cuando se lo merezca. Jo, sí... la vida a veces es de merecimientos. A veces uno tiene que chambearle, talacharle, ponerse el overol y ensuciarse. Otras veces, el trabajo es más intelectual, más oficinezco, más de servicios, más de sentarse a reflexionar y al final de todo, las cosas ocurrirán, pasarán en base a lo que uno hizo o dejo de hacer. Cuando se toma una decisión, se desecha una oportunidad diría Galaviz.


La probabilidad estadística, dice Sheldon, muchas veces se confunde con las coincidencias. Nada sucede por acaso, dicen. Como sea, yo creo que lo que ocurre hoy viene a razón de mi pasado. No en un sentido determinista sino continuista, es una continuidad. Como los verbos transitivos: como cuando uno dice... pasa el tiempo y me doy cuenta que me he estado haciendo pendejo. Me estoy fumando un cigarro, voy viviendo la vida, estoy caminando a tu lado.


Claro que siempre es mejor estar caminando al lado de alguien que te quiere, que te ama, que te piensa, que te sueña y que te acompaña y apoya. "Tenías que ser así y no de otra forma; tu familia es así". Tal vez esa sea la razón por la que la gente buena suele caminar conmigo, o cuando menos mostrar su lado bueno.


A mis veinticinco años he caminado con políticos, psicólogos, maestros, gobernantes, mecánicos, djs, tenders, meseros, sacerdotes, comunicólogos, futbolistas, periodistas, cocineros, chefs, hojalateros, empleados, informáticos, químicos, administradores y servidores públicos, así como todas sus presentaciones en femeninas. Y de todos he tenido cosas buenas en su mayoría. Alguno que otro hijo o hija de puta que me han venido a enseñar y me han hecho dudar pero al final quedo con la conciencia tranquila.


La vida nos cobra factura. Y también, cuando enmendamos nuestros actos hay efectos.


A últimas fechas el insomnio me llega a eso de las tres o cuatro de la mañana y me pregunto qué será de mí. Despierto y quiero un cigarro, un abrazo o un te quiero. En ese momento necesito mi ángel, ése angel que me asignaron cuando niño y lo menos que puedo hacer es abrazar su recuerdo y esperar, que llegue el amanecer.


Sí... hay algo que me está dando miedo y no sé qué es. ¿Será esto lo que llaman madurez? ¿Será que me llega por instantes como la felicidad? ¿Moriré acaso pronto, Señor? ¿Serán las enfermedades que permean mi hogar? ¿O es simple y sencillamente un mal juego de mi inconsciente dominado por mi poco indulgente Super Yo?


He vivido bien este año, me ha costado sangre y llanto, semen y sudor. He sido leal a mis principios y mis ideales, he canjeado algunos nomás que ando confundido, consternado, con un hueco en el pecho, con una especie de angustia. ¿Será la falta? ¿Será la presencia? ¿O será que pienso puras pendejadas?


Fz., en Corta... el 31 de diciembre del 2009.


A menos de cinco horas de empezar un nuevo año.

lunes, 30 de noviembre de 2009

De mis idas y vueltas, de mi proceso dialéctico.


Digo, para que suene bonito, porque decir que la he vuelto a cagar suena un cuanto tanto más escatológico y menos elegante. Suena a que volví a tropezar con la misma piedra. "Benditos los que olvidan aunque tropiecen dos veces con la misma piedra".


Hacía tiempo que no me sentaba a escribir, que no me regalaba la oportunidad de desconectarme del Mensajero para dejar mis ideas en este tipo de papel virtual. Había decidido darme la oportunidad sólo de vivir y gozar y disfrutar y en lugar de leer la historia, escribirla, vivirla: sentir la brisa de la vida en mi cara.


Las circunstancias, en cambio, a veces lo obligan -aunque he de confesar que para mí estas obligaciones son tan placenteras- a escribir para decir que esto es de esta forma o de la otra.


¿Por qué, le preguntaba yo a Miriam, no hay cursos y diplomados para que una mujer de 38 años no le tenga miedo a un doctor?

¿Dónde, digo yo, le enseñan a uno a tomar con medida -me refiero a tomar en sus dos acepciones, tomar como hacer suyo y tomar como beber?

¿Por qué no hay cursos avanzados para adultos que no aprendieron a nadar de pequeños?

¿Dónde le enseñan a uno a no temerle a la muerte y ocuparse por la vida en lugar de preocuparse por algo que es, al final de cuentas, definitivo e irremediable?


Si la vida es ya un lapsus de la muerte y los lapsus dan cuenta de ese Ser que espera revelarse, ¿cuál es el temor por vivir?


"Me gusta la familia. Es una familia muy querida"


"Dios nos ha socorrido con enfermedades"


"No pasa nada, a todos nos ha ocurrido"


"Mentira, tú y yo no llevamos un año juntos. Tú y yo llevamos toda la vida juntos, sólo que nos prestamos con otras personas antes de encontrarnos. Tenían que adiestrarnos, domarnos y sobre todo, enseñarnos a amar, para hoy, poder tú y yo ser felices"


"Conózcanse mi'jo... conózcanse y sean directos. De nada vale una persona sin carácter y que no se muestra como es"


"Las resacas psicológicas suelen ser menos indulgentes que las físicas. Las físicas se quitan tal vez con un alka-seltzer y el amor de la familia. Las psicológicas, uno las recuerda aún después de años de análisis"


"Contigo lo tengo todo, no necesito más"


"A dormir tranquilos, no te preocupes, con una cirugía menor basta"


"Perdido: aparécete"


Somos hipertensos (nuestro corazón late de verdad de forma intensa) y dramáticos, aquí nací, aquí aprendí a amar. Así es la gente de mi pueblo, así son las cosas en esta parte de mi planeta, de mi ombligo, dirían ciertamente. Acá no hay medias tintas. Acá se vive en los suburbios de la misma forma que en las zonas residenciales.


Acá hay, todavía, harto amor en casi todas las familias. Como aquel miércoles en el centro de Celaya, un hombre de mediana edad, ataviado aún con el traje del taller y con los zapatos llenos de aceite tenía suficiente con dos brazos para darles amor a sus tres hijas y aún más, a la mujer. Las cuatro, no cabían en la emoción y se deshacían en caricias y miradas.


El padre, correspondiendo a la petición, les dió los doce pesos para que las hijas, compraran esas tres estampas y las sotearan. La mamá, con otros diez pesos compraba una concha gigante -me refiero al pan, no a la comodidad- para cenar. Y yo pensaba en los altos funcionarios que piensan en el IVA y en el ISR y en el impuesto por ir casi al baño. Ah... es cierto, ahora ya en cualquier sanitario, tanto en las terminales de autobuses, como en las gasolineras... ya incluso cobran por ir a cagar. ¿Y los que la cagan más seguido son más pobres? Ser estreñidos hoy en día, genera ahorro.


Bon Anniversaire!


Fz., con el alma vuelta al cuerpo, saliendo del asombro y recuperándome.

Con el ángel de la guarda.


Ctzr., Noviembre 30, 2009.
P.D. Al final hablé escatológicamente. ¡Carajo!



jueves, 22 de octubre de 2009

Ahora que dejé cosas, momentos, noches...


...y aprendizajes cerca del Auditorio Josefa Ortiz traigo a cuenta un escrito de Benedetti. Este hombre tenía una lucidez y una sensatez tan grata que uno no puede menos que darle la razón cuando lo lee y lo relee. El domingo pensaba yo en aquel velero que algún día se tomó y en el cual recorrimos tantos lugares, descendimos y siempre volvimos a la mar.


Ahora... con un poco menos de emoción pero más experiencia, uno no puede negar el paso y el peso de las huellas.



59. Huellas.


En las huellas de ida los pies se apoyan sin problema, pero en las de vuelta la cosa se complica. Las de ida trazan el camino de los que se fueron, por hambre, por miedo o por las dudas. Las de vuelta dibujan la senda de la nostalgia o del desconsuelo. Las de ida son más hondas, más profundas, resultado de muchas cavilaciones. Las de vuelta son más íntimas, besadas por descalzos, más biográficas.


En unas y otras el denominador común es la esperanza. En las de ida la esperanza son brazos y abrazos, todos de lejos. En las de vuelta la esperanza es que la memoria no haga trampas, que nos espere con los ojos de antes, los brazos de cerca, las calles de siempre, los árboles que no se derrumbaron.


Huellas y huellas, rastros y señales, vestigios y utopías. El mundo está allá y está aquí, los prójimos contiguos y remotos.


Las próximas huellas serán nuevas, fresquitas. A duras penas crearán otro camino y otra forma de ser y de pisar. Loado sea el futuro, si existe. ¿Existirá?


Mario Benedetti, Uruguay.




¿Verdad que sí? A veces los recuerdos nos engañan y a veces el futuro es tan seductor que perdemos el piso. Ay Dn. Mario... ay Dn. Mario.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Mi Inconsciente.


La gente tiene la idea de que cuando uno se desenvuelve en un ambiente "psicológicamente sano" estará necesariamente sano, cuerdo, exento de la locura, de los delirios. La gente piensa que por saber de Psicología, por haber estado en análisis, platicar con eruditos de la Facultad, con leer de psicoanálisis uno sabe siempre la decisión correcta, la adecuada, la mejor.




Es normal que digan "ustedes que saben de Psicología... ¿qué opinan acerca de...?"




Pero la edad no nos exime de hacer pendejadas, a lo sumo, nos ayuda a estar advertidos, a saber, a reconocer. Saber de la vida, o de psicología, o del amor, o de las mujeres (o creer saber, mejor dicho, porque a veces el conocimiento es una cuestión de fé) no nos salva de que el día menos pensado esa persona que amamos nos diga otro nombre, o nos diga adiós -en el mejor de los casos-, otras veces tristemente uno se da cuenta de que el amor se ha ido, que se acabó.




Uno entrega el corazón esperando que sea por siempre y para siempre. Siempre habrá cosas lindas, momentos hermosos, pasión desbordada, respirar y beber amor, cree uno. El amor llega y nos toma, nos hace suyos, y no nos damos cuenta. Es una sensación a flor de piel conocida pero ajena, muchas veces.




Claro que cuando el amor llega invitado por uno es un poco menos agradable, cuando uno forza las cosas, cuando uno se obliga a amar, cuando uno ama por soledad, o por autocompasión. Las cosas forzadas generalmente no salen bien: uno acaba por quitarse el zapato que le aprieta.




A mis veinticinco años hay muchas cosas que aún no entiendo, es más, situaciones que aún no acepto, cosas que niego y deniego. Cuando hago las cosas, generalmente es porque así lo quiero, soy radicaloso, dicen por ahí, me rebelo (quizá habría que revelarse más bien y dejar salir lo que de verdad soy) y cuestiono. Hace ya muchos años que no me gustó "salvarme" como dice Benedetti.




Estas noches, sin embargo, me he dejado llevar por lo que <> me presenta y los resultados han sido gratos. Desde un sueño donde yo salvo un abuelo, hasta abrazos inesperados de la gente que quiero, pasando por una fiesta de rancho con algodones y hot cakes recién hechos hasta la visita de gente que hace tiempo no veo o la camaradería de los recuerdos de esa gente que me conoció cuando seguía yo las reglas casi al pie de la letra, cuando acataba todo y guardaba mis emociones.




A mis veinticinco años tengo claro que me gusta el cigarro, las mujeres, el alcohol, la internet, el amor, las películas, las canciones con letras complicadas, los que tienen tufos de literato, los que juegan a sobrevivir a la muerte. Me gusta la gente que sabe disfrutar de cosas sencillas. Me gusta hablar por teléfono, descargar música y ver fútbol. Me gusta la gente que dice lo que piensa (aunque después se arrepienta o caiga en cuenta que la cagó).




Hay pocas cosas que disfruto tanto como comer, coger, cagar, fumar, beber, caminar y trabajar de mesero. "Yo no voy a ser mesero toda la vida" dicen mis compañeros y yo digo "yo sí podría, me gusta mi trabajo, pero también me gusta escribir y me gusta leer". Me gusta escuchar historias y leer historias: creo que soy bastante chismoso.




Me gusta saber de la gente que quiero y quererles aunque no estén aquí. Me basta con que me tengan en su recuerdo, ahí es precisamente donde yo tomo forma, donde yo tengo razón de ser. Me gusta vivir en el recuerdo de la gente, saber que me piensan aunque haya sido un patán o un idiota: me gusta no ser perfecto.




En el sueño que tuve estaban no sé cuántas generaciones de personas, Beto me sacó de él y por unas cuantas horas... quedé en la pendeja. Por cierto... ¿ya salí de ella o todavía lo estoy?




Olvidaba decir, anoche pasé por el IMSS de Celaya, como hace 17 años. No sé porqué me da por escribir en estas fechas. Quizá sea como dice Pedro Guerra... en octubre lo que pasa.




Fz. contento y radiante, esperando por Lalo, en Querétaro.


Septiembre 30, 2009.