jueves, 6 de mayo de 2010

lunes, 12 de abril de 2010

Nombres...hombres (y sobre todo mujeres)


Cuando uno tiene tiempo libre a veces se pone a intentar organizar sus ideas, y generalmente ocurre todo lo contrario. Hace mucho que tengo la necesidad, la ansiedad, el deseo de escribir y por una u otra cosa no lo he podido hacer. Hoy... sin embargo, quiero hacerlo aunque mis ideas -como mi vida- están algo enredadas. El trabajo me ha servido para distraerme de mis preocupaciones personales, me ha ayudado a dejar a un lado el hastío que de pronto he sentido.


Estar advertido de las cosas no me exime de hacer pendejadas, dirían por ahí; el desconocimiento de la ley no nos exime de sus consecuencias tampoco.


¡Qué días tan intensos, tan locos, tan amargos! Hace algunos días el Diablo dijoa todo el mundo que yo era su amigo, su compa. Me sentí orgulloso de tener como amigo al Diablo, aunque la gente le tenga miedo; a mí me gusta y me gusta que se sepa las canciones que me gustan. Ayer... ese desconocido, una especie de demonio también, se conectó con nosotros y nos hizo temblar.


¡Cuánta nostalgia por aquel pasado que no nos genera dudas! ¡Cuánta nostalgia por aquel momento que por jodido que fue, ya pasó!



Sí... uno hace las cosas para recordarlas como dice Clau. Sí... uno encuentra algo de placer en esa repetición de cosas que aparentemente nos generan conflictos, como dice Jaime. Sí... uno tiene serias complicaciones con los avatares que la vida amorosa nos presenta, como dice Andrés. Sí... somos los mismos envueltos en novedad como dice Andrea. Sí... nos gustan esas sensaciones primarias como dice Rosario. Sí... uno no puede resignarse como dice Fabián.


Sí... sí a todo; todo que sí. Sí... estoy de acuerdo, totalmente de acuerdo con todas estas y más personas que quieran hablar y escribir acerca de la vida nuestra. La dificultad está en las emociones, en las sensaciones a flor de piel. En ese, vacío que se siente en el estómago a las dos de la mañana; en esa tos que llega siempre a las cuatro de la mañana; en el insomnio diario favorecido por los gritos de las niñas. El problema está en esos arranques de locura que uno tiene donde quiere mandar todo al carajo como dice Pako.


En esos momentos, de nada sirven un cigarro o un trago, tampoco el das ding o el vorstelung representanzen. En esos momentos de nada sirven los recursos liingüísticos y teóricos. En ese instante lo único que necesito es ese abrazo y ese beso tuyo por los que vivo, por los que suspiro. Lo único que necesito es a mi familia estando junto a mí secándome las lágrimas y curándome las heridas, como aquel domingo en la noche.


Esta noche quiero que Alonso me de una receta que incluya: por principio de cuenta la fé que en algún momento perdí, la voz dulce y tranquilizadora de Alejandra, la risa de Beto y la sinceridad de Pako; quiero los consejos de Manuel y el tiempo de mi Comadre. Necesito los brazos abiertos de La Inquilina y la compañía de María. Quiero que esté conmigo mi padre para, con la voz clara y calmada me diga que es normal, que él también se sintió así. Que la receta incluya la mirada de mis hermanas y mi madre confiándome que está todo bien. Que vengan Jaime, Alfredo, Juan y Mario a enseñarme con sus palabras cómo es que funciona esto. Necesito también que todos y cada uno de los de la banda hagan mil cosas junto a mí. Quiero que Elizabeth me cure las heridas. Quiero que Diana y Lorena confíen en que sanaré. Que Rosario y Dolores me enseñen con su templanza a darle tiempo al tiempo.


En el trabajo me va bien, en la escuela me siento magnífico, las cosas van bien con la familia. Es sólo esta necesidad tuya la que me tiene así. Sí... también quiero que mi receta incluya un beso y un te quiero suyos. Sinceros, como sólo ella los sabe dar.


Si la vida es tan simple (como algunos afirman), ¿de dónde le viene a uno esa manía por complicársela? ¿Se preguntará todo el mundo por este tipo de cosas?


Hoy he visto otra vez el lado oscuro de mi corazón y me he convencido de que no quiero estar solo; uno envejece antes. Uno debe pelear por lo que quiere y a veces, no sólo pensar en uno mismo, sino también en qué está esperando la otra de nosotros.


Creo que pasar por ese parque de la primera vez donde ella y yo estuvimos es lo que me tiene así. Creo que escuchar y leer esas cosas que había olvidado me inquietan y no las sé manejar. Duelen, pero cada vez menos.


Hoy, regreso después de dos intentos fallidos a cumplir un ciclo. Hoy es un día importante y voy a dejar que me vaya bien: alguien me espera en Querétaro, alguien me piensa, alguien me quiere -como dijo Julia- y debo estar agradecido por eso: ¡Cuánta gente hay que no tuvo alguien que lo quisiera! ¡Eres un chico afortunado!, me dijo, sólo que a veces se te olvida.


Seguramente Dios lo sabe... y a lo mejor está triste sin que nadie lo sepa.


Pero amor mío...¡qué me has hecho!


Fz., con un sabor amargo a las casi tres de la mañana.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Coincide...


... coincide que tengo la oportunidad de escribir y el fin de año. Escasas horas, para ser exactos.


A mucha gente le entra la nostalgia y la melancolía y los recuerdos por estas épocas. Época de reflexión dirían algunos -los creyentes sobre todo, los hombres y mujeres de buena y harta fé-.


A mí sin embargo, me basta cualquier motivo para sentarme a poner en palabras lo que pasa por mi cabeza. Suelo ir a contraflujo, en el contrasentido dirían los de vialidad. No me gusta ser uno más, jamás me gustó ser uno más (creo que a nadie) y sin embargo, la vida, el destino, Dios, y sobre todo las decisiones que uno toma o decide no tomar, le enseñan nos enseñan que a veces tenemos que ir a donde va la corriente, y dejarnos llevar. Estar flojitos y cooperando, pues al final de cuentas, por algo suceden las cosas.


En ese ser diferente a todos los demás doy regalos cuando menos se lo esperan, con las envolturas que no pensaron. Escribo una carta a la antigua (con papel y bolígrafo) y comparto lo que las personas significan para mí. Regalo una flor o un caramelo. Tomo fotos desde otras perspectivas, juego con los escenarios y las luces. Camino por donde los demás no van (o al menos no la mayoría), entro al café y restaurant que los otros miran con desprecio. Tomo el rumbo menos seguro y hasta ahora he encontrado buenas cosas. Muchas veces también me he caído del auto en que voy, he vivido la angustia cancerígena en mi familia, he suspirado, he llorado, he perdido dinero, he sufrido golpes y hasta hipertensiones cardíacas. He viajado, he estado en ciudades ajenas, he conocido gente y he amado también.


Hoy, un taxista, desconocido para mí - y miren que en Cortazar nos conocemos casi todos así como nuestros secretos y escondrijos- me dijo cuando descendía del automóvil para ir a trabajar: Que tenga un buen año, que se le cumpla lo que espera... siempre y cuando se lo merezca. Jo, sí... la vida a veces es de merecimientos. A veces uno tiene que chambearle, talacharle, ponerse el overol y ensuciarse. Otras veces, el trabajo es más intelectual, más oficinezco, más de servicios, más de sentarse a reflexionar y al final de todo, las cosas ocurrirán, pasarán en base a lo que uno hizo o dejo de hacer. Cuando se toma una decisión, se desecha una oportunidad diría Galaviz.


La probabilidad estadística, dice Sheldon, muchas veces se confunde con las coincidencias. Nada sucede por acaso, dicen. Como sea, yo creo que lo que ocurre hoy viene a razón de mi pasado. No en un sentido determinista sino continuista, es una continuidad. Como los verbos transitivos: como cuando uno dice... pasa el tiempo y me doy cuenta que me he estado haciendo pendejo. Me estoy fumando un cigarro, voy viviendo la vida, estoy caminando a tu lado.


Claro que siempre es mejor estar caminando al lado de alguien que te quiere, que te ama, que te piensa, que te sueña y que te acompaña y apoya. "Tenías que ser así y no de otra forma; tu familia es así". Tal vez esa sea la razón por la que la gente buena suele caminar conmigo, o cuando menos mostrar su lado bueno.


A mis veinticinco años he caminado con políticos, psicólogos, maestros, gobernantes, mecánicos, djs, tenders, meseros, sacerdotes, comunicólogos, futbolistas, periodistas, cocineros, chefs, hojalateros, empleados, informáticos, químicos, administradores y servidores públicos, así como todas sus presentaciones en femeninas. Y de todos he tenido cosas buenas en su mayoría. Alguno que otro hijo o hija de puta que me han venido a enseñar y me han hecho dudar pero al final quedo con la conciencia tranquila.


La vida nos cobra factura. Y también, cuando enmendamos nuestros actos hay efectos.


A últimas fechas el insomnio me llega a eso de las tres o cuatro de la mañana y me pregunto qué será de mí. Despierto y quiero un cigarro, un abrazo o un te quiero. En ese momento necesito mi ángel, ése angel que me asignaron cuando niño y lo menos que puedo hacer es abrazar su recuerdo y esperar, que llegue el amanecer.


Sí... hay algo que me está dando miedo y no sé qué es. ¿Será esto lo que llaman madurez? ¿Será que me llega por instantes como la felicidad? ¿Moriré acaso pronto, Señor? ¿Serán las enfermedades que permean mi hogar? ¿O es simple y sencillamente un mal juego de mi inconsciente dominado por mi poco indulgente Super Yo?


He vivido bien este año, me ha costado sangre y llanto, semen y sudor. He sido leal a mis principios y mis ideales, he canjeado algunos nomás que ando confundido, consternado, con un hueco en el pecho, con una especie de angustia. ¿Será la falta? ¿Será la presencia? ¿O será que pienso puras pendejadas?


Fz., en Corta... el 31 de diciembre del 2009.


A menos de cinco horas de empezar un nuevo año.

lunes, 30 de noviembre de 2009

De mis idas y vueltas, de mi proceso dialéctico.


Digo, para que suene bonito, porque decir que la he vuelto a cagar suena un cuanto tanto más escatológico y menos elegante. Suena a que volví a tropezar con la misma piedra. "Benditos los que olvidan aunque tropiecen dos veces con la misma piedra".


Hacía tiempo que no me sentaba a escribir, que no me regalaba la oportunidad de desconectarme del Mensajero para dejar mis ideas en este tipo de papel virtual. Había decidido darme la oportunidad sólo de vivir y gozar y disfrutar y en lugar de leer la historia, escribirla, vivirla: sentir la brisa de la vida en mi cara.


Las circunstancias, en cambio, a veces lo obligan -aunque he de confesar que para mí estas obligaciones son tan placenteras- a escribir para decir que esto es de esta forma o de la otra.


¿Por qué, le preguntaba yo a Miriam, no hay cursos y diplomados para que una mujer de 38 años no le tenga miedo a un doctor?

¿Dónde, digo yo, le enseñan a uno a tomar con medida -me refiero a tomar en sus dos acepciones, tomar como hacer suyo y tomar como beber?

¿Por qué no hay cursos avanzados para adultos que no aprendieron a nadar de pequeños?

¿Dónde le enseñan a uno a no temerle a la muerte y ocuparse por la vida en lugar de preocuparse por algo que es, al final de cuentas, definitivo e irremediable?


Si la vida es ya un lapsus de la muerte y los lapsus dan cuenta de ese Ser que espera revelarse, ¿cuál es el temor por vivir?


"Me gusta la familia. Es una familia muy querida"


"Dios nos ha socorrido con enfermedades"


"No pasa nada, a todos nos ha ocurrido"


"Mentira, tú y yo no llevamos un año juntos. Tú y yo llevamos toda la vida juntos, sólo que nos prestamos con otras personas antes de encontrarnos. Tenían que adiestrarnos, domarnos y sobre todo, enseñarnos a amar, para hoy, poder tú y yo ser felices"


"Conózcanse mi'jo... conózcanse y sean directos. De nada vale una persona sin carácter y que no se muestra como es"


"Las resacas psicológicas suelen ser menos indulgentes que las físicas. Las físicas se quitan tal vez con un alka-seltzer y el amor de la familia. Las psicológicas, uno las recuerda aún después de años de análisis"


"Contigo lo tengo todo, no necesito más"


"A dormir tranquilos, no te preocupes, con una cirugía menor basta"


"Perdido: aparécete"


Somos hipertensos (nuestro corazón late de verdad de forma intensa) y dramáticos, aquí nací, aquí aprendí a amar. Así es la gente de mi pueblo, así son las cosas en esta parte de mi planeta, de mi ombligo, dirían ciertamente. Acá no hay medias tintas. Acá se vive en los suburbios de la misma forma que en las zonas residenciales.


Acá hay, todavía, harto amor en casi todas las familias. Como aquel miércoles en el centro de Celaya, un hombre de mediana edad, ataviado aún con el traje del taller y con los zapatos llenos de aceite tenía suficiente con dos brazos para darles amor a sus tres hijas y aún más, a la mujer. Las cuatro, no cabían en la emoción y se deshacían en caricias y miradas.


El padre, correspondiendo a la petición, les dió los doce pesos para que las hijas, compraran esas tres estampas y las sotearan. La mamá, con otros diez pesos compraba una concha gigante -me refiero al pan, no a la comodidad- para cenar. Y yo pensaba en los altos funcionarios que piensan en el IVA y en el ISR y en el impuesto por ir casi al baño. Ah... es cierto, ahora ya en cualquier sanitario, tanto en las terminales de autobuses, como en las gasolineras... ya incluso cobran por ir a cagar. ¿Y los que la cagan más seguido son más pobres? Ser estreñidos hoy en día, genera ahorro.


Bon Anniversaire!


Fz., con el alma vuelta al cuerpo, saliendo del asombro y recuperándome.

Con el ángel de la guarda.


Ctzr., Noviembre 30, 2009.
P.D. Al final hablé escatológicamente. ¡Carajo!



jueves, 22 de octubre de 2009

Ahora que dejé cosas, momentos, noches...


...y aprendizajes cerca del Auditorio Josefa Ortiz traigo a cuenta un escrito de Benedetti. Este hombre tenía una lucidez y una sensatez tan grata que uno no puede menos que darle la razón cuando lo lee y lo relee. El domingo pensaba yo en aquel velero que algún día se tomó y en el cual recorrimos tantos lugares, descendimos y siempre volvimos a la mar.


Ahora... con un poco menos de emoción pero más experiencia, uno no puede negar el paso y el peso de las huellas.



59. Huellas.


En las huellas de ida los pies se apoyan sin problema, pero en las de vuelta la cosa se complica. Las de ida trazan el camino de los que se fueron, por hambre, por miedo o por las dudas. Las de vuelta dibujan la senda de la nostalgia o del desconsuelo. Las de ida son más hondas, más profundas, resultado de muchas cavilaciones. Las de vuelta son más íntimas, besadas por descalzos, más biográficas.


En unas y otras el denominador común es la esperanza. En las de ida la esperanza son brazos y abrazos, todos de lejos. En las de vuelta la esperanza es que la memoria no haga trampas, que nos espere con los ojos de antes, los brazos de cerca, las calles de siempre, los árboles que no se derrumbaron.


Huellas y huellas, rastros y señales, vestigios y utopías. El mundo está allá y está aquí, los prójimos contiguos y remotos.


Las próximas huellas serán nuevas, fresquitas. A duras penas crearán otro camino y otra forma de ser y de pisar. Loado sea el futuro, si existe. ¿Existirá?


Mario Benedetti, Uruguay.




¿Verdad que sí? A veces los recuerdos nos engañan y a veces el futuro es tan seductor que perdemos el piso. Ay Dn. Mario... ay Dn. Mario.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Mi Inconsciente.


La gente tiene la idea de que cuando uno se desenvuelve en un ambiente "psicológicamente sano" estará necesariamente sano, cuerdo, exento de la locura, de los delirios. La gente piensa que por saber de Psicología, por haber estado en análisis, platicar con eruditos de la Facultad, con leer de psicoanálisis uno sabe siempre la decisión correcta, la adecuada, la mejor.




Es normal que digan "ustedes que saben de Psicología... ¿qué opinan acerca de...?"




Pero la edad no nos exime de hacer pendejadas, a lo sumo, nos ayuda a estar advertidos, a saber, a reconocer. Saber de la vida, o de psicología, o del amor, o de las mujeres (o creer saber, mejor dicho, porque a veces el conocimiento es una cuestión de fé) no nos salva de que el día menos pensado esa persona que amamos nos diga otro nombre, o nos diga adiós -en el mejor de los casos-, otras veces tristemente uno se da cuenta de que el amor se ha ido, que se acabó.




Uno entrega el corazón esperando que sea por siempre y para siempre. Siempre habrá cosas lindas, momentos hermosos, pasión desbordada, respirar y beber amor, cree uno. El amor llega y nos toma, nos hace suyos, y no nos damos cuenta. Es una sensación a flor de piel conocida pero ajena, muchas veces.




Claro que cuando el amor llega invitado por uno es un poco menos agradable, cuando uno forza las cosas, cuando uno se obliga a amar, cuando uno ama por soledad, o por autocompasión. Las cosas forzadas generalmente no salen bien: uno acaba por quitarse el zapato que le aprieta.




A mis veinticinco años hay muchas cosas que aún no entiendo, es más, situaciones que aún no acepto, cosas que niego y deniego. Cuando hago las cosas, generalmente es porque así lo quiero, soy radicaloso, dicen por ahí, me rebelo (quizá habría que revelarse más bien y dejar salir lo que de verdad soy) y cuestiono. Hace ya muchos años que no me gustó "salvarme" como dice Benedetti.




Estas noches, sin embargo, me he dejado llevar por lo que <> me presenta y los resultados han sido gratos. Desde un sueño donde yo salvo un abuelo, hasta abrazos inesperados de la gente que quiero, pasando por una fiesta de rancho con algodones y hot cakes recién hechos hasta la visita de gente que hace tiempo no veo o la camaradería de los recuerdos de esa gente que me conoció cuando seguía yo las reglas casi al pie de la letra, cuando acataba todo y guardaba mis emociones.




A mis veinticinco años tengo claro que me gusta el cigarro, las mujeres, el alcohol, la internet, el amor, las películas, las canciones con letras complicadas, los que tienen tufos de literato, los que juegan a sobrevivir a la muerte. Me gusta la gente que sabe disfrutar de cosas sencillas. Me gusta hablar por teléfono, descargar música y ver fútbol. Me gusta la gente que dice lo que piensa (aunque después se arrepienta o caiga en cuenta que la cagó).




Hay pocas cosas que disfruto tanto como comer, coger, cagar, fumar, beber, caminar y trabajar de mesero. "Yo no voy a ser mesero toda la vida" dicen mis compañeros y yo digo "yo sí podría, me gusta mi trabajo, pero también me gusta escribir y me gusta leer". Me gusta escuchar historias y leer historias: creo que soy bastante chismoso.




Me gusta saber de la gente que quiero y quererles aunque no estén aquí. Me basta con que me tengan en su recuerdo, ahí es precisamente donde yo tomo forma, donde yo tengo razón de ser. Me gusta vivir en el recuerdo de la gente, saber que me piensan aunque haya sido un patán o un idiota: me gusta no ser perfecto.




En el sueño que tuve estaban no sé cuántas generaciones de personas, Beto me sacó de él y por unas cuantas horas... quedé en la pendeja. Por cierto... ¿ya salí de ella o todavía lo estoy?




Olvidaba decir, anoche pasé por el IMSS de Celaya, como hace 17 años. No sé porqué me da por escribir en estas fechas. Quizá sea como dice Pedro Guerra... en octubre lo que pasa.




Fz. contento y radiante, esperando por Lalo, en Querétaro.


Septiembre 30, 2009.


viernes, 11 de septiembre de 2009

Mis cosas, mi casa, mi vida




Hoy desperté con los acalorados reclamos de mi madre hacia mi padre (que está delicado de salud y al cual, nuestro doctor le ha dicho que si quiere vivir un poco más debe cuidarse) porque nunca en la vida ha valorado lo que ella ha hecho por él. Jamás le ha dado gusto.




Particularmente me parece más una manera de decirle "todavía me quedan muchos reclamos por hacerte, no te mueras". La forma y estilo de la gente de estos rumbos es así. Un día hace ya algunos años, un primo que trabaja como trailero se volcó y estuvo en estado comatoso algo así como tres días, al término de los cuales despertó y mirando a su mujer le dijo: Y tú... ¿qué haces acá? Vete a prepararles algo de comer a tus nietos.




Mi madre comentó en aquel momento "ay... los hombres no entienden lo que uno hace por ellos". A mí me pareció que Clemente, que es el nombre de mi primo, no tuvo más palabras para agradecer que hacerlo de esa forma. No supo qué decir, no sabía qué hacer y fue lo pimero que declaró. Sí... no tuvo clemencia, a pesar del nombre, con su esposa.




Los reclamos suelen, sin embargo, ser como los temblores: llegan cuando uno menos se lo espera y te sacuden más de lo que te imaginas.




Cuando uno está más agusto llegan y mueven cosas que uno creía olvidadas, superadas, elaboradas. Siempre nos toma n por sorpresa.




Uno intentó hacer oído sordo a las voces que a lo largo del camino buscaban hacernos volver, reflexionar y los reclamos nos trastocan, nos dejan paralizados. En ese momento uno sólo tiene que aceptarlo; si uno responde con otro reclamo no le está dando lugar a la palabra del otro, está entrando en su locura, me dijeron algún día.




Un poco más entrado el día, quién sabe porqué, como a veces ocurre, aparecen frases continuamente que a uno le hacen ruido: ya bien en la radio, en la vida cotidiana, en los diarios, en los libros o simplemente al ir pasando por la calle. Generalmente en esos días uno se saca de onda, se cuestiona, se pregunta... ¿el universo conspira para mí? La verdad es que no, ni somos tan únicos ni tan irrepetibles, sólo que hay algo ahí, algo del terreno -dirían los que saben- de lo inconsciente. Algo que no pasó por la aduana de la Conciencia y nos trastorna, nos interroga.




Uno tiene que pagar factura de las decisiones que toma y que deja de tomar, he venido diciendo y aunque generalmente me he hecho responsable. Acá comparto algunas frases que he encontrado en estos días, que me han gustado y que me han hecho reflexionar: unas de la calle, otras de cantantes, unas más de escritores, otras de mi familia, otras de la radio. Las comparto porque me parece tienen algo -un poco cuando menos- de verdad.




"Los delirante pasamos al lado d ela muerte y le hacemos un guiño. Nos movemos como si fuéramos eternos, sin tomar precauciones, más o menos sonámbulos, festjando los rayos y los truenos, y mirando a través de la lluvia."




"-¿Por qué piensas en la muerte?


-No sé.


-¿Cómo alguien piensa en la muerte? ¿Para qué?"




"Entonces... ¿en su locura, también se enamoran?"




"Tu cuerpo me dió calor. Tenía frío."




"Yo sé que no soy un buen yerno, que soy casi un beso del infierno... pero un beso al fin, Señora."




"No voy a irme así nomás, por algo aquí me concibieron y fui nacido y caminé descalzo sin herirme, dialogando con el silencio y con el mar y con las nubes, con lluvia y sol tan incesantes y siempre con algún secreto, minúsculo o tremendo pero mío, como una fomra de eludir cierta carcoma inevitable"
"Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menosl
o esperespor ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojosy mirándote."
Entonces se fue la luz y todo se quedó en silencio. Fueron sólo unos instantes pero fueron suficientes para que la gente hablara entre sí.
Llegó enseguida la electricidad, volvió la música, la televisión y cada quien siguió con su vida normal y sin hablar con el otro.
Fz., en casa de mis padres, el 11 de septiembre del 2009. Sin Torres caídas ni aviones secuestrados (por el momento).